Uso estratégico de péptidos: La clave para mejorar el rendimiento y sumarse a una nueva era de la longevidad
Gabriela Quirós apuesta por estas proteínas y por el entrenamiento de fuerza para retrasar el envejecimiento
Gabriela Quirós, en el gimnasio.
/ Revista Mundo RealEn un momento histórico donde la salud ha dejado de ser únicamente la ausencia de enfermedad para convertirse en una búsqueda consciente de rendimiento, longevidad y equilibrio integral, voces como la de Gabriela Quirós —conocida en el mundo del fitness como Gaby Flex— comienzan a marcar una diferencia real. No desde la teoría aislada, sino desde la experiencia vivida, el rigor técnico y una visión profundamente humana del cuerpo.
“Soy orgullosamente costarricense”, dice con naturalidad, pero detrás de esa sencillez hay una historia construida lejos de los escritorios. Su camino no comenzó en una consulta clínica ni en un laboratorio, sino en el gimnasio, en el contacto directo con su propio cuerpo y con una realidad que, según confiesa, la inquietaba profundamente: “Veía a muchas personas —especialmente mujeres— haciendo las cosas por inercia, sin entender su fisiología. Había lesiones, estancamientos… y eso me llevó a tomar una decisión: dejar de adivinar y empezar a tener certezas”.
Ese punto de quiebre la impulsó a profesionalizar su pasión. Estudió nutrición, entrenamiento y comenzó a construir un enfoque que hoy integra ciencia, práctica y resultados tangibles. Pero su historia va aún más atrás. A los 12 años inició en el atletismo y, con el paso del tiempo, evolucionó hacia el fisicoculturismo, disciplina en la que ha permanecido por más de dos décadas. Ha competido en distintas categorías —desde figura hasta Women's Physique—, consolidándose actualmente en la categoría máster.
“Estar bajo las luces de una tarima te enseña lo que ningún libro puede darte”, afirma. Y no es una frase retórica. Habla de disciplina extrema, de nutrición milimétrica y de la capacidad del cuerpo para responder al estrés. Pero también habla de frustración: la de no alcanzar una meta por una lesión o un desajuste metabólico. Esa vivencia, lejos de ser un obstáculo, se convirtió en el núcleo de su enfoque profesional.
Hoy, Gabriela no se define bajo etiquetas tradicionales. “No me gusta encasillarme. Yo trabajo bajo una estrategia de optimización humana 360°”, explica. Su método comienza con algo que muchos pasan por alto: el diagnóstico postural. “Si tu estructura está mal, cualquier carga te va a lesionar”, advierte. A partir de ahí, integra el análisis hormonal, la nutrición y el uso estratégico de péptidos, siempre bajo un principio claro: equilibrio entre estética, salud funcional y longevidad. Ese enfoque ha evolucionado con el tiempo.
“Antes todo era comer menos y moverte más. Hoy sabemos que eso es incompleto, especialmente en mujeres mayores de 40 años”, señala. La conversación cambia cuando se introducen variables como la perimenopausia, la inflamación o la resistencia metabólica. “Ya no se trata solo de calorías. Se trata de optimizar hormonas, cuidar la salud celular y entender que el músculo no es solo estética: es longevidad”.
Desde su experiencia clínica y deportiva, Gabriela sostiene que el entrenamiento de fuerza es una herramienta fundamental para retrasar el envejecimiento. “El músculo es vida. A medida que envejecemos, lo perdemos, y con él perdemos independencia, movilidad y calidad de vida”, afirma. En ese contexto, los péptidos emergen como una herramienta avanzada, pero no milagrosa.
Recipientes con péptidos / Revista Mundo Real
Cuando le pregunto cuáles son los más relevantes en su práctica, su respuesta es técnica, precisa y basada en resultados. Menciona el BPC-157 como un aliado clave en la regeneración de tejidos; el CJC-1295 combinado con Ipamorelina para mejorar la composición corporal y la calidad del sueño; el GHK-CU como un potente regenerador celular y dérmico; y compuestos como Retatrutide o Tirzepatide, que han revolucionado la gestión metabólica en pacientes con obesidad o resistencia a la insulina. También destaca el DSIP, fundamental para regular el sueño y, por ende, todo el sistema hormonal.
Pero más allá de los nombres, insiste en un principio esencial: la calidad. “Si no hay un certificado de análisis de un laboratorio independiente, no se debe usar”, advierte con firmeza. En un mercado saturado de promesas, la trazabilidad y la pureza —idealmente del 99.9%— son la única garantía real.
Esa misma rigurosidad se traslada a los protocolos. “Cada cuerpo es un mundo”, repite. Y lo respalda con casos reales: pacientes con lupus, reemplazos de disco, resistencia a la insulina o adolescentes con obesidad. “Copiar protocolos de internet es jugar a la ruleta rusa”, afirma. La personalización no es un lujo, es una necesidad clínica.
Su posicionamiento en Costa Rica no ha sido casual. Ha sido el resultado de años de educación constante, presencia en redes sociales y, sobre todo, coherencia. “Yo soy la primera en probar lo que recomiendo”, dice. En un entorno donde los péptidos aún generan desconfianza, su enfoque ha sido claro: informar sin vender humo.
Su centro, Gaby Flex, funciona como un espacio de transformación integral. Aunque su base operativa en péptidos se conecta con laboratorios en Estados Unidos, su filosofía es profundamente humana: “No trato clientes, vivo procesos”. Cada consulta es un ejercicio de escucha, diagnóstico y estrategia personalizada.
Los resultados, según relata, son contundentes. Mujeres que no lograban perder peso durante años recuperan su energía; pacientes con resistencia a la insulina transforman su salud; atletas regresan a competir tras lesiones que parecían definitivas. “No es magia. Es darle al cuerpo lo que necesita para repararse”, afirma.
En términos de longevidad, su visión es clara: “No se trata de vivir más años, sino de vivirlos bien”. Los péptidos, bien utilizados, pueden reducir la inflamación, fortalecer huesos, mejorar la piel y potenciar la claridad mental. Pero insiste en algo fundamental: no sustituyen los hábitos. “Son herramientas que intensifican lo que ya haces bien”.
Gabriela Quirós, posando / Revista Mundo Real
En un entorno saturado de información —y desinformación—, Gabriela también se dedica a desmontar mitos. El más común: confundir los péptidos con esteroides. “No tienen nada que ver”, aclara. “Los péptidos son secuencias de aminoácidos que envían señales específicas al cuerpo. Es biología aplicada, no dopaje”.
Su experiencia personal refuerza su discurso. A sus 43 años, asegura sentirse en su mejor momento físico y mental. “Soy mi primer caso de éxito”, afirma sin arrogancia, sino con convicción. Para ella, labiohacking no es una moda, sino una evolución: la posibilidad de intervenir en la biología de forma ética, segura y consciente.
Antes de cerrar la conversación, le pido un mensaje para quienes desean adentrarse en este campo. Su respuesta es directa: “Busquen educación, no atajos”. Y añade: “Si alguien te ofrece soluciones milagro sin conocer tu salud, aléjate. La ciencia es poderosa, pero debe ir de la mano con la ética”.
En tiempos donde el cuerpo se ha convertido en territorio de innovación, pero también de riesgo, voces como la de Gabriela Quirós nos recuerdan algo esencial: el verdadero progreso no está en ir más rápido, sino en avanzar con conciencia.
Porque al final, como ella misma lo resume, “tu cuerpo es el único lugar que tienes para vivir… y merece ser tratado con respeto”.
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