Rossana Jacqueline Perdomo : La mujer que convirtió la fe, la estrategia y la resiliencia en legado
Se trata de una líder que desafió estructuras, construyó credibilidad y hoy redefine el propósito del servicio público con visión, disciplina y convicción espiritual
Rossana Jacqueline Perdomo
/ Revista Mundo RealEn una época donde el éxito suele medirse en cifras, cargos o visibilidad mediática, hay historias que obligan a replantear la definición misma de trascendencia. Historias que no se construyen desde la inmediatez, sino desde la coherencia. La de Rossana Jacqueline Perdomo es una de ellas: una trayectoria que no solo se ha consolidado en los espacios más exigentes del mercadeo, la comunicación y la gestión institucional, sino que ha sido moldeada por una arquitectura invisible pero poderosa: los valores, la fe y una disciplina inquebrantable.
Rossana Jacqueline Perdomo es originaria de San Pedro Sula, una ciudad donde desde pequeña aprendió que los valores y crecer con una base sólida con valores y el temor a Dios son el único camino real hacia los sueños. Su voz no necesita adornos; transmite la firmeza de quien ha vivido cada palabra. Desde sus orígenes, la familia, la fe y el trabajo honesto no fueron conceptos abstractos, sino estructuras vivas que definieron su identidad. Esa base, lejos de ser un punto de partida estático, se convirtió en la brújula que guiaría más de 20 años de trayectoria en medios de comunicación, mercadeo, relaciones y servicio públicos.
Estudió Mercadotecnia, pero su visión trascendía el ejercicio técnico de una profesión. “Desde muy joven supe que quería construir algo con propósito, no solo tener una carrera", explica. Esa declaración, que podría parecer aspiracional, en su caso se tradujo en decisiones concretas, muchas veces incómodas, siempre exigentes.
El mayor reto, reconoce sin rodeos, fue romper estructuras históricamente dominadas por hombres.“Muchas veces tienes que demostrar el doble para que te escuchen la mitad", asegura. La frase, repetida en múltiples contextos, adquiere aquí una dimensión distinta: no como queja, sino como diagnóstico. En escenarios como el deporte profesional —donde se desempeñó como gerente de Mercadeo en el Club Deportivo Marathón durante casi siete años—, en la política —como Estratega y comunicaciones en la campaña de Daisy Andonie,, posicionada como la tercera mujer más votada del departamento de Cortés— y en las salas de negociación, la resistencia no fue un obstáculo aislado, sino una constante.
Sin embargo, su respuesta no fue la confrontación estéril, sino la preparación.“Aprendí a convertir esa resistencia en combustible", explica. Cada negativa se transformó en horas de estudio, en noches de investigación, en una obsesión por la excelencia que hoy se refleja en su credibilidad. "No hay atajos en su narrativa; hay proceso", añade.
Su paso por el Club Deportivo Marathón marcó un antes y un después. No solo por la magnitud de la institución —un club con un siglo de historia, con una afición que“vive y respira cada partido”—, sino por lo que significó a nivel personal: “Ponerme al servicio de algo más grande que yo misma.”En ese entorno de alta visibilidad, cada decisión comunicacional tenía un impacto tangible. “Cada palabra, cada imagen, cada declaración pública tiene un peso enorme", asegura. Y bajo esa presión, Rossana no solo respondió: evolucionó.
La gestión de la comunicación en ese contexto le dejó una de sus lecciones más profundas: “La comunicación no es solo información, es confianza", explica. En una era donde las redes sociales redefinen la relación entre instituciones y audiencias, ella fue parte de un equipo pionero en la implementación de estrategias digitales que hoy son estándar. Lideró equipos multidisciplinarios —fotógrafos, periodistas Community Manager (CM).
Bajo una narrativa unificada, enfrentó crisis mediáticas y comprendió que, en los momentos de mayor tensión, “La claridad y la calma son tus mejores herramientas”, añade.
Pero más allá de lo técnico, su relato se detiene en lo humano. Nombra sin titubeos a quienes marcaron su camino: el “Profe Vargas”, de quien aprendió el valor del trabajo en equipo; Orinson Amaya, presidente que confió plenamente en su criterio —“Rossana, haga lo que crea conveniente y solo repórteme”—; Rolin Peña, símbolo de autoridad y respeto institucional; y compañeros como Many, Biaron Bardales, Denovan Torres, Mario Berríos, Emil Martínez, así como figuras de medios como Nepatly, Elvin Altamirano y Rigo. En un mundo donde las trayectorias suelen narrarse en singular, Rossana insiste en el plural.
Hoy, desde su rol como Subdirectora Regional Nor-Occidental del INFOP, su enfoque ha dado un giro estratégico hacia el desarrollo del talento humano. Y lo hace con una claridad contundente: “Que ninguna persona que llegue al INFOP se vaya igual que como llegó.” No es una consigna, es una meta operativa. La formación técnica, en su visión, no es solo capacitación: es una herramienta de transformación social.
“Honduras necesita técnicos calificados, emprendedores con herramientas, jóvenes con oportunidades concretas.” Bajo esa premisa, su trabajo se articula con una visión institucional que busca eficiencia, actualización y, sobre todo, humanidad. De la mano del Director Ejecutivo y Regional, y alineada con la visión del presidente Nasry Asfura, impulsa procesos más conectados con las necesidades reales del sector productivo.
Su mirada hacia el futuro institucional es ambiciosa, pero aterrizada: una entidad más moderna, más posicionada y profundamente humana. “Que cuando alguien piense en superarse, piense en el INFOP como su primera opción", explica. Habla de alianzas con el sector privado, de procesos fortalecidos, pero también de algo más intangible: la percepción. Que las comunidades más vulnerables sientan que esa puerta también está abierta para ellas.
Y entonces, inevitablemente, surge la pregunta sobre el éxito. Su respuesta rompe con cualquier narrativa superficial: “El éxito es poder dormir con la tranquilidad de que soy una mujer útil para la sociedad.” No menciona cargos ni reconocimientos. Habla de coherencia. De actuar con honestidad. De impactar vidas, aunque sea de forma silenciosa. Recuerda logros importantes —como liderar la estrategia de comunicación durante el campeonato nacional del Marathón en 2018 o contribuir a una campaña política exitosa—, pero los ubica en un plano secundario frente a lo esencial: no comprometer sus valores basados en Dios.
Su mensaje a las mujeres hondureñas es directo y sin concesiones: “Que no esperen permiso para ocupar el espacio que les corresponde.” Pero no se queda en la motivación. Habla de disciplina, de preparación, de construir redes de apoyo reales. Y añade un elemento que pocas veces se menciona con tanta claridad: el carácter.“El carácter importa tanto como el talento", asegura convencida.” En un entorno donde la ambición suele ser cuestionada en las mujeres, ella la reivindica, siempre que esté acompañada de valores y voluntad de servicio.
Integridad, constancia y resiliencia. Tres palabras que, en su caso, no son conceptos abstractos, sino prácticas diarias. “La integridad me ha dado credibilidad, incluso cuando me ha costado oportunidades”, asegura. La constancia la sostuvo en los momentos más duros. La resiliencia le enseñó que los golpes no destruyen, definen.
Y en el centro de todo, la familia. “La familia lo es todo.” No como discurso, sino como filtro de decisiones. Cada paso importante ha pasado por una pregunta esencial: ¿esto honra a mi familia? Esa conexión le da dirección, pero también equilibrio", ejemplifica. Porque, como afirma, “el éxito que no se comparte pierde su sabor”.
La fe, por su parte, no es un complemento: es el eje. “La fe ha sido mi ancla en los momentos de mayor incertidumbre.” En un mundo que privilegia la lógica, Rossana reivindica la espiritualidad como herramienta de decisión. “Me ayuda a tomar decisiones con paz interior, no solo con lógica, añade” Y en esa dualidad —razón y fe— encuentra un punto de equilibrio que ha definido su trayectoria.
Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordada, no duda: como una mujer fiel a sus valores, que abrió puertas sin cerrarlas a otros, que construyó sin destruir. Su mensaje a las nuevas generaciones es, al mismo tiempo, exigente y esperanzador: Honduras necesita su mejor versión. El camino es difícil, sí, pero vale la pena recorrerlo con carácter y propósito.
“Aprender a depender totalmente de Dios cuando no hay una solución. Ama a los tuyos y ama tu tierra. Ama a los que te odian.” No es una frase ligera; es una síntesis de vida. Una filosofía que, en su caso, ha sido validada por la experiencia. “La recompensa viene de Dios poniéndote en lugares cada vez más altos"., explica”
En tiempos donde el ruido suele eclipsar el fondo, historias como la de Rossana Jacqueline Andonie recuerdan que el verdadero liderazgo no se impone, se construye. Con trabajo. Con fe. Con carácter. Y, sobre todo, con una coherencia que trasciende cualquier cargo y se convierte, inevitablemente, en legado.
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